Los campus de verano y lo que significan para nosotros… Todo aquel que nos conozca ha escuchado «mucho más que Judo» en más de una ocasión. Lo repetimos en las experiencias que viven los niños y niñas de nuestro club. Todos aquellos que han acudido a alguna de las actividades de convivencia como los campamentos, concentraciones urbanas, intercentros, etc., conoce de lo que estamos hablando.
Este viernes abrimos el plazo de inscripción de los 4 turnos y vamos a poner de nuevo todo de nuestra parte para que sea una experiencia única y maravillosa en todos los aspectos. El pasado domingo repartimos los Flyers con todos los plazos:

El “mucho más que Judo” pretender abrazar experiencias, aprendizajes y crecimiento personal. El campus de verano es una de las actividades más demandadas en el club. Niños y niñas nos explican que al finalizar el campamento ya cuentan los días para que llegue el siguiente. Por eso, ya el año pasado apostamos por una convivencia un poco más cortita, el campus de carnaval y por supuesto que este año repetimos.




Para los niños y niñas del club, un campamento Doryoku es un lugar lleno de oportunidades únicas para el aprendizaje y el crecimiento. Ir de campamento permite el desarrollo autónomo de los niños, el aumento de la confianza en sí mismos y la ampliación de su red de amistades. Hacer deporte junto con sus compañeros, compartir experiencias y convivir en un ambiente agradable y de de apoyo, les hace aprender muchas cosas sobre ellos mismos.
Aprenden a ser autosuficientes con tareas tan simples como hacer la cama, ordenar la habitación, echarse crema de sol para no quemarse y preparar la mochila para ir a la piscina. También cometen algunos errores (igual que los adultos) como puede ser olvidarse la gorra el día que salimos de ruta, pero que resuelven echando una carrerita a la habitación para cogerla.
Y te preguntarás: ¿qué tienen de especial estos campus de verano?, ¿qué les hace únicos? La vida de campamento está llena de actividades y deporte, retos y aprendizajes. Cada día dejamos reservado un espacio de pausa para bajar las revoluciones y charlamos sobre como está siendo la experiencia, cómo se sienten los niños, qué cosas han aprendido y qué cosas les están costando un poquito más.







De manera transversal, en cada edición se plantea un juego ambientado en el que participan todos los equipos. Años atrás hemos sido espías, vikingos, magos, superhéroes, miembros de civilizaciones… Gracias a ello, los niños y niñas han aprendido valores como el compañerismo, la amistad, el respeto y el trabajo en equipo.
Mucho más que un campus de verano
Además en cada una de las temáticas hacemos hincapié en el desarrollo emocional, la toma de decisiones, el desarrollo de la tolerancia a la frustración y la mejora de la persona de manera integral. Por ejemplo, este último campus de carnaval, celebrado hace apenas dos semanas, judokas de nuestro club vivieron en Dorytrix. «Aldeadávila de la Ribera se situaba cerca de una grieta del multiverso, que ocasionó la ruptura del espacio – tiempo llevando a sus monitores a épocas anteriores y futuras». Para restaurar la normalidad cada equipo debía encontrar “el artefacto”. A través de diferentes pruebas y gymkhanas fueron sumando casillas y avanzando por el tablero, con el objetivo de “bajar a Dorytrix”.
En este campamento, los niños y niñas aprendieron que a veces repetir las cosas nos permite fijarnos en los detalles, las diferentes épocas les ayudó a entender que trabajando en equipo lograrían el objetivo y el avanzar de una manera veloz, quizás no siempre era la mejor opción, porque podías volver al principio.
En conclusión, los campus de verano son una muy buena manera de crecer, desarrollarse y descubrir de todo lo que son capaces de hacer. Aprenden a echar de menos, a convivir con otros niños, a organizar sus cosas y a enfrentarse a cada día con ganas, energía y amor.
