El Campus de Verano Doryoku vuelve a ser una de las grandes experiencias de nuestro verano.
Un proyecto que año tras año crece y que nos permite llevar nuestra forma de entender el deporte y la educación mucho más allá del tatami. Durante este verano hemos disfrutado de tres turnos de Campus de Verano en Aldeadávila de la Ribera y de una experiencia especial en Penamacor (Portugal), dos destinos que nos han permitido vivir semanas llenas de Judo, deporte, naturaleza, convivencia, aventura y aprendizaje.
Porque para Doryoku un campus no consiste simplemente en pasar unos días fuera de casa. Es una oportunidad para aprender a convivir, asumir responsabilidades, descubrir nuevos lugares, hacer nuevos amigos y enfrentarse a pequeños retos que nos ayudan a crecer.






Aldeadávila, un escenario privilegiado para nuestro Campus de Verano
Aldeadávila de la Ribera se ha convertido en uno de esos lugares que ya sentimos como parte de nuestra historia.
Las maravillosas vistas, el contacto permanente con la naturaleza, los espacios deportivos, la piscina y las posibilidades que ofrece todo el entorno hacen de Aldeadávila un escenario extraordinario para desarrollar nuestro Campus de Verano.
Cada jornada nos permite combinar Judo, deporte, juegos, gymkhanas, talleres, piscina, aventuras y momentos de convivencia. Pero también nos permite disfrutar de algo que consideramos fundamental: el contacto con la naturaleza y con un entorno diferente al habitual.
Y entre todos los espacios que hemos disfrutado hay uno especialmente importante para nosotros: El Rocoso, donde hemos celebrado nuestra jornada de convivencia con las familias.




Un día muy especial en el que hemos podido compartir con padres, madres, familiares, monitores y judokas todo aquello que hemos ido construyendo durante el campus. Un momento para abrir las puertas, disfrutar juntos y agradecer a las familias la confianza que depositan en nosotros.
Porque detrás de cada niño que participa en nuestro campus hay una familia que confía en nuestro equipo y en nuestro proyecto.
Y esa confianza merece nuestro máximo agradecimiento.
Las personas hacen el campus
Si los espacios son importantes, las personas lo son todavía más.
La calidad humana de nuestros monitores vuelve a ser uno de los grandes valores de este Campus de Verano. Su compromiso, su responsabilidad y, sobre todo, el cariño con el que acompañan a nuestros judokas hacen posible que cada día sea una experiencia de aprendizaje.
También queremos destacar el cariño recibido por las familias durante todo el verano. Sus palabras, su confianza y su cercanía nos recuerdan por qué merece la pena dedicar tantas horas y tantos esfuerzos a construir este proyecto.








Durante estos días hemos aprendido mucho. Hemos aprendido a compartir, a escuchar, a ayudar, a tener paciencia, a resolver pequeños conflictos, a superar dificultades y a valorar a las personas que tenemos al lado.
Porque muchas veces los aprendizajes más importantes de un campamento no ocurren durante una actividad programada. Ocurren cuando un compañero necesita ayuda, cuando algo no sale como esperábamos o cuando conseguimos superar un reto que al principio parecía demasiado difícil.
Penamacor: deporte, naturaleza y convivencia
Después de Aldeadávila, nuestro Campus de Verano continuó en Penamacor, donde nuestros cadetes y juniors vivieron una experiencia diferente, pero con la misma esencia Doryoku.
La comarca de Penamacor nos ofrece un entorno magnífico para disfrutar del deporte y de la naturaleza. Sus playas fluviales se han convertido en uno de los grandes atractivos de nuestra estancia y nos han permitido disfrutar de momentos de descanso, diversión y convivencia en un entorno natural privilegiado.
Pero Penamacor nos ha ofrecido mucho más que paisajes: nos ha ofrecido a sus gentes.




La hospitalidad, cercanía y calidad humana de los vecinos de Penamacor nos han hecho sentirnos acogidos desde el primer momento. Hemos podido conocer el municipio desde dentro, compartir experiencias y sentirnos parte de su vida durante nuestra estancia.
El Judo como punto de encuentro
Uno de los momentos más especiales de nuestra experiencia en Penamacor fue la jornada de iniciación al Judo con los niños y niñas del municipio.
Una actividad que nos permitió compartir nuestro deporte con los más pequeños de Penamacor, enseñarles algunos de los valores y aprendizajes que acompañan al Judo y, sobre todo, disfrutar juntos sobre el tatami.
Fue una experiencia especialmente bonita porque el Judo volvió a cumplir una de sus funciones más importantes: crear vínculos y unir a las personas.
Nuestros judokas pudieron ejercer también como referentes para los más pequeños, compartiendo juegos, técnicas y experiencias y descubriendo que el deporte puede ser una magnífica herramienta para conocer a otras personas y otras culturas.

Además del deporte y las actividades del campus, hemos querido vivir Penamacor y conocer su realidad.
Hemos tenido la oportunidad de disfrutar de las fiestas del municipio, compartir sus calles y participar del ambiente que se genera durante estos días tan especiales para sus vecinos.
Son precisamente estos momentos los que hacen que un viaje se convierta en una experiencia.
No queríamos simplemente ir a Penamacor.
Queríamos vivir Penamacor.
Desde el Club Deportivo Doryoku queremos trasladar nuestro más sincero agradecimiento a los Ayuntamientos de Aldeadávila de la Ribera y de Penamacor por su colaboración y por todas las posibilidades que nos ofrecen para desarrollar nuestros Campus de Verano.
Gracias por abrirnos las puertas de vuestros municipios, por facilitarnos espacios y recursos y, especialmente, por hacernos sentir bienvenidos.
Gracias a las familias por su confianza y por el cariño que recibimos durante todo el verano.
Y gracias a nuestros monitores y entrenadores por su trabajo incansable, por su responsabilidad y por cuidar de nuestros niños y jóvenes con la dedicación que caracteriza al equipo Doryoku.


Mucho más que Judo
Después de este campus de verano, volvemos a confirmar algo en lo que creemos desde hace muchos años: el deporte es una herramienta extraordinaria para educar.
Viajar nos enseña a descubrir.
Convivir nos enseña a comprender.
Y compartir nuestro deporte nos enseña que siempre hay algo que podemos aportar a los demás.
Aldeadávila y Penamacor nos dejan nuevos recuerdos, nuevas amistades y, sobre todo, nuevos aprendizajes.
Nos vamos con la sensación de haber vivido un verano muy especial y con la ilusión de seguir construyendo nuevas experiencias para nuestros judokas.
Doryoku. Mucho más que Judo.
